-¿No tienes miedo?
-¿Debería?
-Puede que si, todo el mundo me teme, sin excepción. Cuando llega el momento sus pequeñas e insignificantes vidas y sus turbias mentes se extremecen alcanzan tal grado de terror que el placer que yo experimento llega a niveles insospechados y su proxima agonia hace que la tortura sea el mejor momento del día.
-No tengo miedo de morir, no tengo miedo a sufrir. Cada grito que me robes, cada lágrima de dolor que derrame solo haran que tu alma se desgarre más y más, hasta conventirte en la misma encarnación del mal.
- Querida niña, yo soy la encarnación del mal, el mal personificado. Con cada muerte, con cada grito de dolor o lágrima que te robe, solo servirá para alimentar mi alma y alcanzar la plena satisfaccion de sangre y maldad, pero nunca es suficiente, y vuelvo a por más una y otra vez.
¿No crees que soy ya la encarnación del mal?¿O quizás yo sea el mal en su estado puro y ferviente?
-No me asusta lo que seas o lo que puedas llegar a ser, no me importa en absoluto, es cierto que no eres la mejor persona de todas, eso es más que obvio pero también se que eres así porque te sientes tan desplazado que no puedes hacer otra cosa que llamar la atención, eres lo que los demás quieren que seas porque de lo contrario ni si quiera existirias ante su mirada. Disfrutaras matando, pero eso no es ser un diablo, el nombre adecuado sería sadico.
-Tienes la lengua muy larga, no te importa decir cosas improcedentes y sacarla a paseo con demasiada frecuencia, asi que no te importara perderla en un descuido.
Se acerco, cumpliendo con su amenaza me abrió la boca, contra mi voluntad, pero cuanto más me esforzara yo para que él no lo consiguiera más disfrutaba. Podia ver como la maldad brillaba en sus ojos, pero no era maldad todo lo que relucía una terrible excitación y placer anegaban sus ojos y predominaban por sus bellas faciones.
-¿No tienes miedo?
-No a ti no, ya te lo he dicho.
Me dió un corte en la lengua, no llego a cortarla, el dolor era tan intenso que hacia que mi cuerpo se extremeciera y los escalofrios lo recorrieran de arriba a bajo. Sentía la sangre en la boca, pero no tenía miedo. Pense que estaba loca, una cosa era no decirle a él que tenia miedo y era otra muy distinta era no sentirlo despues de lo que acababa de pasar, ¿era insensata o me invadido un exceso de soberbia?
-Te veré mañana, si no has muerto por una infección, a lo mejor cambias de idea y decides hablar, creeme esta tortura no ha hecho más que empezar.
-Eres la primera persona a la
sábado, 14 de julio de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario